Historia de la Yerba Mate

Los indios guaraníes tomaban la infusión de hojas del Caá en un poro o vasija de barro sin bombilla, colándola entre los dientes y escurriendo las hojitas que les quedaban en la boca, o bien absorbían la infusión fría por medio de cañitas huecas. Durante las largas caminatas por la selva, los indios solían inclusive masticar la yerba, costumbre que con el tiempo desapareció.
La recolección y el acarreo de la yerba desde la selva era un trabajo durísimo para los indios, que debían cargar un peso muy grande atravesando regiones pantanosas.
Los españoles, una vez llegados a tierra guaraní, aprendieron a tomar el mate con los indios y lo llamaron "hierbas del Paraguay", sin saber que las hojas provenían de un árbol que crecía en la selva. A fines del siglo XVI, llegaron los primeros jesuitas para hacerse cargo de la evangelización de los indios. Al principio, estos consideraron al mate una bebida peligrosa, tanto, que inclusive llevaron el caso a los tribunales de la Santa Inquisición de Lima en 1610. Sin embargo, más tarde la yerba fue aceptada e incluso, su uso fue alentado como una gran solución al problema de la embriaguez en las reducciones.
La yerba mate, pasa a ser la principal fuente de ingresos de los jesuitas, que una vez obtenido el permiso para comercializar el producto en 1645, comienzan a cultivarlo a fines del siglo XVII en las cercanís de las reducciones. Es así que los jesuitas, a partir de ese momento, tuvieron sus "yerbales ortenses", así como tambien la manera de pagar a su Católico Monarca el justo tributo.
Fue a mediados del siglo XVIII, que el mate fue imponiéndose en todas las clases sociales, si bien cada grupo cuidaba su propia modalidad.
Cuando Carlos III, por medio de una Real Cédula de 1767, dictó la expulsión de los jesuitas, los pueblos creados por ellos fueron lentamente abandonados. Los cultivos se perdieron y la yerba comenzó nuevamente, a ser recolectada por los indios en la selva, donde crece espontáneamente. La venta de yerba se había convertido en un negocio rentable, y a principio del siglo XX, las primeras plantaciones racionales, se realizaron en San Ignacio, el antiguo asentamiento de los jesuitas.
La recolección y el acarreo de la yerba desde la selva era un trabajo durísimo para los indios, que debían cargar un peso muy grande atravesando regiones pantanosas.
Los españoles, una vez llegados a tierra guaraní, aprendieron a tomar el mate con los indios y lo llamaron "hierbas del Paraguay", sin saber que las hojas provenían de un árbol que crecía en la selva. A fines del siglo XVI, llegaron los primeros jesuitas para hacerse cargo de la evangelización de los indios. Al principio, estos consideraron al mate una bebida peligrosa, tanto, que inclusive llevaron el caso a los tribunales de la Santa Inquisición de Lima en 1610. Sin embargo, más tarde la yerba fue aceptada e incluso, su uso fue alentado como una gran solución al problema de la embriaguez en las reducciones.
La yerba mate, pasa a ser la principal fuente de ingresos de los jesuitas, que una vez obtenido el permiso para comercializar el producto en 1645, comienzan a cultivarlo a fines del siglo XVII en las cercanís de las reducciones. Es así que los jesuitas, a partir de ese momento, tuvieron sus "yerbales ortenses", así como tambien la manera de pagar a su Católico Monarca el justo tributo.
Fue a mediados del siglo XVIII, que el mate fue imponiéndose en todas las clases sociales, si bien cada grupo cuidaba su propia modalidad.
Cuando Carlos III, por medio de una Real Cédula de 1767, dictó la expulsión de los jesuitas, los pueblos creados por ellos fueron lentamente abandonados. Los cultivos se perdieron y la yerba comenzó nuevamente, a ser recolectada por los indios en la selva, donde crece espontáneamente. La venta de yerba se había convertido en un negocio rentable, y a principio del siglo XX, las primeras plantaciones racionales, se realizaron en San Ignacio, el antiguo asentamiento de los jesuitas.
Publicidad